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¿Por qué Ucrania? Una lectura desde la teoría de las RRII

  • Foto del escritor: Mg. Nicolas E. Salvoni
    Mg. Nicolas E. Salvoni
  • 4 jul
  • 10 min de lectura

¿Por qué Rusia invadió Ucrania? Las respuestas disponibles son múltiples: una guerra de expansión territorial, una reacción rusa frente al avance occidental, una violación flagrante del derecho internacional, una disputa identitaria de largo plazo o un shock geoeconómico sobre los mercados de energía y alimentos. Cada una de estas lecturas captura una dimensión relevante del fenómeno, aunque ninguna de ellas, tomada de manera aislada, alcanza para agotar el problema.

La invasión a gran escala iniciada el 24 de febrero de 2022 constituye un caso particularmente útil para poner a prueba las principales corrientes teóricas de las Relaciones Internacionales, en la medida en que combina guerra convencional, grandes potencias, alianzas militares, organismos multilaterales, identidad nacional, propaganda, sanciones, mercados de alimentos y dependencia energética, con efectos que alcanzan incluso a países periféricos como la Argentina. Quienes enseñamos estas corrientes en el aula sabemos que los ejemplos de manual suelen envejecer mal; Ucrania, en cambio, ofrece casi todo el menú en un solo caso y en tiempo presente.

En este artículo se analiza el mismo hecho desde cuatro marcos teóricos: el realismo, el institucionalismo liberal, el constructivismo y la economía política internacional. El objetivo no consiste en coronar a un ganador, sino en mostrar qué ilumina y qué oscurece cada lente.

1. El realismo: poder, seguridad y zonas de influencia

Para el realismo, la política internacional se desarrolla en un sistema anárquico, entendido como la ausencia de una autoridad superior capaz de garantizar plenamente la seguridad de los Estados. En ese contexto, los Estados se ven obligados a proveerse su propia seguridad, medir las capacidades ajenas, anticipar amenazas y actuar bajo condiciones de incertidumbre. Kenneth Waltz convirtió esa intuición en la base del realismo estructural1, mientras que Robert Jervis demostró que incluso las medidas de carácter defensivo pueden ser interpretadas por terceros como amenazas ofensivas, dinámica que constituye el núcleo del dilema de seguridad2.

Desde esta perspectiva, Ucrania aparece como una disputa por poder y seguridad en una zona estratégica. Rusia interpretó el acercamiento de Ucrania a Occidente, la expansión previa de la OTAN hacia Europa del Este y la eventual pérdida de influencia sobre su periferia como una amenaza directa a su posición. Ucrania, por su parte, buscó incrementar su seguridad precisamente porque comparte frontera con una potencia con antecedentes concretos de coerción, intervención y anexión. Estados Unidos y Europa, finalmente, apoyaron a Kiev porque identificaron en la resistencia ucraniana un instrumento para contener el poder ruso y preservar un equilibrio europeo menos favorable a Moscú. El realismo permite comprender, además, por qué las grandes potencias tienden a ser particularmente sensibles respecto de sus fronteras, áreas de influencia y profundidad estratégica, así como también por qué los Estados más débiles buscan alianzas externas cuando perciben la amenaza de un vecino más poderoso3.

Corresponde, sin embargo, una precisión que no resulta menor: explicar la percepción rusa de amenaza no equivale a justificar la invasión. John Mearsheimer popularizó una lectura realista sumamente polémica al atribuir buena parte de la crisis al avance occidental sobre Ucrania4. Esa interpretación resulta útil para ilustrar el razonamiento del realismo ofensivo, aunque queda corta cuando reduce en exceso la agencia ucraniana o cuando subestima los componentes imperiales e identitarios del proyecto ruso. Como señaló Nicholas Ross Smith, el realismo no constituye una teoría única, y algunas de sus versiones clásicas o neoclásicas incorporan mejor las decisiones, percepciones y errores de los líderes5. En lo personal, me inclino por esta segunda lectura: el argumento de Mearsheimer funciona mejor como provocación pedagógica que como explicación suficiente.

El realismo ilumina con fuerza la dimensión estratégica de la guerra, pero su debilidad aparece cuando pretende explicarlo todo a partir del poder material. Ucrania no resistió únicamente porque recibió armamento occidental, sino también porque millones de personas entendieron la guerra como la defensa de una comunidad política, y para dar cuenta de ese fenómeno se requiere otro lente.

2. El institucionalismo liberal: reglas que fallan, reglas que ordenan

El institucionalismo liberal parte de una premisa menos sombría: acepta que el sistema internacional es anárquico, pero sostiene que la cooperación resulta posible cuando existen instituciones, reglas, información compartida y expectativas de interacción futura. Robert Keohane explicó que las instituciones internacionales no eliminan el conflicto, aunque pueden reducir la incertidumbre, facilitar la coordinación y modificar la estructura de costos de los actores6. Stephen Krasner, por su parte, definió los regímenes internacionales como conjuntos de principios, normas, reglas y procedimientos que ordenan las expectativas de comportamiento en un área determinada7.

Ucrania plantea una paradoja incómoda para esta corriente. Por un lado, las instituciones no lograron impedir la invasión: la Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de otro Estado, pero esa norma no detuvo a Rusia, y el Consejo de Seguridad quedó bloqueado por la posición de una potencia con asiento permanente y derecho de veto. Desde una mirada escéptica, el caso parecería confirmar que las instituciones se detienen allí donde comienzan los intereses vitales de una gran potencia.

Esa lectura, sin embargo, constituye solo la mitad de la historia, ya que las instituciones tampoco resultaron irrelevantes. La Asamblea General condenó la agresión rusa el 2 de marzo de 2022 por 141 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones8; la resolución no expulsó tropas del territorio ucraniano, pero produjo un efecto político concreto al fijar una mayoría internacional en torno a la ilegitimidad de la invasión. La Unión Europea coordinó sanciones, asistencia financiera y medidas energéticas; la OTAN reforzó su flanco oriental y articuló el apoyo militar indirecto a Kiev, en lo que constituyó una reconfiguración profunda de la arquitectura de seguridad europea9; el G7 y otros espacios facilitaron la coordinación económica, diplomática y tecnológica.

Para el institucionalismo, entonces, Ucrania no prueba que las instituciones “no sirvan”, sino algo más preciso: que enfrentan límites severos ante una gran potencia decidida a usar la fuerza, pero que continúan siendo relevantes para organizar respuestas colectivas, elevar costos reputacionales y sostener coaliciones de apoyo. Las instituciones no reemplazan al poder, sino que lo encauzan, lo amplifican o incrementan los costos de su ejercicio. La guerra muestra, además, que el orden internacional no funciona como una maquinaria automática: las reglas requieren Estados dispuestos a defenderlas, recursos que las vuelvan operativas y coaliciones capaces de sostener los costos en el tiempo. Sin esas condiciones, las normas se asemejan demasiado a declaraciones solemnes; con ellas, pueden condicionar cálculos estratégicos.

3. El constructivismo: identidades, memoria y legitimidad

El constructivismo modifica la pregunta de partida: no comienza por la cantidad de tanques de un Estado ni por la institución que coordina las sanciones, sino por el modo en que los actores comprenden el mundo en el que actúan. Alexander Wendt sintetizó esta lógica en una fórmula célebre según la cual la anarquía es lo que los Estados hacen de ella10; es decir, la estructura internacional no produce siempre los mismos intereses, sino que estos se construyen socialmente a través de identidades, normas, interacciones y narrativas.

Aplicado a Ucrania, el constructivismo permite observar algo que el realismo tiende a simplificar: la guerra no se explica únicamente por la ubicación geográfica de Ucrania entre Rusia y Occidente, sino también por la disputa acerca de qué es Ucrania. El Kremlin presentó de manera recurrente a Ucrania como parte de un espacio histórico, cultural o civilizatorio asociado a Rusia, narrativa que reduce la soberanía ucraniana a una anomalía, a una desviación inducida por Occidente o a la separación artificial de un cuerpo histórico mayor. Ucrania, por el contrario, consolidó una identidad política propia, crecientemente diferenciada de Rusia y orientada hacia Europa. Esa identidad tiene consecuencias prácticas verificables, en la medida en que moviliza resistencia, legitima sacrificios, ordena alianzas, refuerza la demanda de reconocimiento internacional y transforma una guerra territorial en una lucha por la existencia política de una comunidad. Taras Kuzio ha trabajado precisamente la tensión entre la identidad ucraniana y la identidad pan-rusa como una de las raíces profundas del conflicto11.

Las normas también importan en esta clave. Martha Finnemore y Kathryn Sikkink mostraron que las normas internacionales no funcionan como simples decoraciones morales, sino que moldean expectativas, reputaciones y criterios de legitimidad12. En el caso ucraniano, conceptos como soberanía, integridad territorial, autodeterminación, agresión u ocupación producen efectos políticos concretos: sirven para construir apoyo externo, sancionar conductas, organizar discursos diplomáticos y diferenciar entre víctima y agresor.

La observación puede sonar poco militar, pero resulta central: los tanques importan, y también importan las historias que explican por qué esos tanques cruzan una frontera. Si el realismo ve en Ucrania un espacio estratégico, el constructivismo recuerda que, para los ucranianos, Ucrania no constituye un Estado tapón sino una comunidad política con memoria, lengua, instituciones, sufrimientos acumulados y expectativas de futuro. Ninguna guerra se sostiene demasiado tiempo sin una narrativa que la vuelva inteligible para quienes la padecen o para quienes la ejecutan.

4. Economía política internacional: sanciones, energía, alimentos y costos

La economía política internacional introduce una dimensión adicional: la guerra no se libra únicamente en trincheras, ciudades y fronteras, sino también en mercados financieros, rutas comerciales, gasoductos, puertos, precios de alimentos, cadenas logísticas y presupuestos públicos. Susan Strange insistió en que el poder mundial no puede separarse de las estructuras de seguridad, producción, finanzas y conocimiento13, mientras que Robert Gilpin, desde otra tradición, demostró que economía y política internacional resultan inseparables14.

En Ucrania, esta mirada es especialmente productiva. Rusia no es solo una potencia militar, sino también un actor energético de primer orden; Ucrania no es solo un territorio invadido, sino además un productor agrícola relevante, con peso en los mercados de trigo, maíz y aceite de girasol y en los corredores logísticos del Mar Negro. La guerra afectó los precios de la energía, los alimentos y los fertilizantes, generó incertidumbre sobre el abastecimiento global y obligó a rediseñar dependencias15,16. Europa aceleró la búsqueda de alternativas al gas ruso, Rusia procuró redireccionar sus ventas hacia otros mercados y los países importadores netos de alimentos y energía absorbieron costos que no habían producido.

Las sanciones agregan otra capa al análisis. Congelar activos, limitar transacciones, restringir exportaciones tecnológicas o cortar vínculos financieros no constituyen gestos simbólicos sino instrumentos de poder económico: no destruyen automáticamente la capacidad del Estado agresor, pero elevan costos, inducen sustituciones y reorientan flujos de comercio17. Producen, además, efectos secundarios que suelen subestimarse, dado que encarecen insumos, redistribuyen beneficios hacia proveedores alternativos y obligan a terceros países a navegar entre alineamientos, oportunidades y riesgos.

Para la Argentina, la guerra resultó lejana en términos militares pero no en términos económicos ni diplomáticos, dado que impactó sobre los precios internacionales, la energía, los fertilizantes, los alimentos y los debates sobre alineamiento externo18. Tocó, además, una fibra doctrinaria sensible: la defensa de la soberanía y la integridad territorial, principio sobre el que descansa el reclamo argentino por Malvinas. La abstención argentina en una resolución de Naciones Unidas sobre Ucrania en 2025 mostró que incluso un principio aparentemente innegociable puede quedar atravesado por coyunturas diplomáticas, alineamientos con potencias y cálculos de política exterior; para un país cuyo principal reclamo internacional se apoya en la integridad territorial, no se trata de un detalle menor.

La economía política internacional obliga a preguntarse quién paga la guerra, quién se beneficia, quién se adapta más rápido y qué dependencias quedan expuestas. No reemplaza la explicación militar o diplomática, pero la ancla en una evidencia incómoda: toda guerra constituye también una redistribución forzada de costos.

Cuatro lentes, cuatro preguntas

Las cuatro teorías no se ordenan como respuestas verdaderas o falsas, sino que funcionan mejor como preguntas distintas sobre el mismo fenómeno. El realismo pregunta quién tiene poder, quién teme perder seguridad y cómo se reconfiguran las alianzas. El institucionalismo liberal pregunta qué reglas fueron violadas, qué organismos fallaron y qué mecanismos permitieron coordinar respuestas. El constructivismo pregunta qué identidades, memorias y narrativas hicieron posible tanto la guerra como la resistencia. La economía política internacional, finalmente, pregunta cómo se distribuyen los costos, las dependencias y los beneficios materiales.

La diferencia no resulta menor. Quien solo mira el poder puede no entender por qué ciertos pueblos resisten aun en condiciones desfavorables; quien solo mira las instituciones puede exagerar la capacidad de las normas para detener a una potencia; quien solo mira la identidad puede perder de vista tanques, presupuestos y sistemas de armas; y quien solo mira la economía puede convertir la guerra en un problema de precios, olvidando la soberanía, la violencia y la legitimidad.

Corriente

Pregunta central

Qué ilumina mejor

Realismo

¿Quién tiene poder y quién se siente amenazado?

Seguridad, alianzas, equilibrio de poder y dilema de seguridad.

Institucionalismo liberal

¿Qué reglas fallaron y cuáles organizaron la respuesta?

ONU, OTAN, Unión Europea, sanciones, cooperación y costos reputacionales.

Constructivismo

¿Qué identidades y narrativas dan sentido al conflicto?

Soberanía, memoria histórica, identidad nacional, legitimidad y normas.

Economía política internacional

¿Cómo se distribuyen costos, dependencias y beneficios?

Energía, alimentos, fertilizantes, finanzas, comercio y sanciones.

 

Conclusión

Ucrania muestra que las Relaciones Internacionales no sirven para encontrar una explicación única y definitiva de la política mundial, sino que, cuando se las utiliza bien, para ordenar la complejidad. El realismo ayuda a comprender la lógica del poder y de la amenaza; el institucionalismo liberal muestra la utilidad y los límites de las reglas; el constructivismo ilumina identidades, normas y legitimidades; y la economía política internacional revela que toda guerra reorganiza mercados, sanciones, recursos y costos.

El error consistiría en exigirle a una sola teoría que lo explique todo, aunque el error opuesto sería creer que, dado que ninguna explica todo, todas explican lo mismo. No es así: cada una observa mejor una parte del problema y peor otra, y la inteligencia analítica reside en saber cuándo cambiar de lente.

La guerra en Ucrania no constituye únicamente una tragedia europea ni un capítulo más de la rivalidad entre potencias, sino una prueba de estrés para el orden internacional contemporáneo, que obliga a mirar simultáneamente el poder militar, la soberanía, las reglas, la identidad nacional, las sanciones, la energía, los alimentos y las estrategias de alineamiento. En política mundial, entender más rara vez significa simplificar; con frecuencia significa aprender a distinguir capas sin confundirlas.

Referencias

1. Waltz, K. N. (1979). Theory of International Politics. Addison-Wesley.

2. Jervis, R. (1978). Cooperation Under the Security Dilemma. World Politics, 30(2), 167-214.

3. Walt, S. M. (1987). The Origins of Alliances. Cornell University Press.

4. Mearsheimer, J. J. (2014). Why the Ukraine Crisis Is the West's Fault. Foreign Affairs, 93(5), 77-89.

5. Smith, N. R. (2022). Mearsheimer, Realism, and the Ukraine War. Analyse & Kritik, 44(2), 175-200.

6. Keohane, R. O. (1984). After Hegemony: Cooperation and Discord in the World Political Economy. Princeton University Press.

7. Krasner, S. D. (1982). Structural Causes and Regime Consequences: Regimes as Intervening Variables. International Organization, 36(2), 185-205.

8. United Nations General Assembly (2022). Resolution ES-11/1, Aggression against Ukraine, adoptada el 2 de marzo de 2022.

9. Cottey, A. (2025). Introduction: the 2022 Russian invasion of Ukraine and European security. Defence Studies.

10. Wendt, A. (1992). Anarchy is what States Make of it: The Social Construction of Power Politics. International Organization, 46(2), 391-425.

11. Kuzio, T. (2024). Ukrainian versus Pan-Russian Identities: The Roots of Russia's Invasion of Ukraine. Studies in Ethnicity and Nationalism.

12. Finnemore, M. & Sikkink, K. (1998). International Norm Dynamics and Political Change. International Organization, 52(4), 887-917.

13. Strange, S. (1988). States and Markets. Pinter.

14. Gilpin, R. (1987). The Political Economy of International Relations. Princeton University Press.

15. Ben Hassen, T. & El Bilali, H. (2022). Impacts of the Russia-Ukraine War on Global Food Security. Foods, 11(15), 2301.

16. Zhou, X. et al. (2023). Influence of Russia-Ukraine War on the Global Energy and Food Security. Resources, Conservation and Recycling.

17. Garicano, L., Rohner, D. & Weder di Mauro, B. (eds.) (2022). Global Economic Consequences of the War in Ukraine. CEPR Press.

18. Actis, E. & Busso, A. (2024). Argentina and the Ukraine War: Between pragmatism and values. Global Policy.

 
 
 
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