El 1 de octubre, funcionarios del FOCEM y del Ministerio de Transporte uruguayo discutieron dos tramos ferroviarios rehabilitados con fondos del Mercosur. Uno llega a Rivera, sobre la frontera brasileña; el otro pasa por Paysandú, cerca de Argentina. El parte oficial describe vías por las que puede circular carga entre territorios de socios distintos. La integración toma forma en esas conexiones.
El fondo tiene más ejemplos. En su balance de julio de 2026, informó 61 proyectos financiados desde su creación y 39 concluidos. Ese mes anunció recursos para drenaje en Bela Vista, un parque tecnológico en Santana do Livramento y agua y saneamiento en aldeas indígenas de zonas fronterizas. No son intervenciones abstractas. Tampoco alcanza con contarlas para afirmar que se redujo la distancia productiva entre los países.
Ahí conviene separar dos preguntas. ¿Puede una obra mejorar una conexión o un servicio? Sí, y eso se puede evaluar en cada proyecto. ¿Alcanza esa suma de obras para que las economías del bloque se parezcan más en sus capacidades e ingresos? La experiencia de 35 años no permite responder lo mismo. El análisis publicado en Latinoamérica21 muestra que la integración comercial convivió con una brecha de producto por habitante mayor que al inicio; la divergencia se concentró sobre todo en los noventa y en el avance relativo de Uruguay. No fue un deterioro uniforme, pero tampoco hubo convergencia.
La escala ayuda a entender el límite del instrumento. La primera etapa del FOCEM se diseñó en torno a US$100 millones anuales. Si se compara esa cifra histórica con la población de 2024 de los cuatro socios fundadores, equivale a menos de US$0,40 por habitante al año. La comparación entre el diseño financiero original y esa población permite dimensionar la escala del fondo frente a diferencias productivas acumuladas durante décadas.
Brasil anunció en junio su disposición a aportar US$100 millones anuales durante diez años para una segunda etapa. Es una señal importante, pero el propio FOCEM aclara que los socios todavía deben acordar esa etapa. También importa qué relación tendrá con las políticas industriales de cada país. La Nova Indústria Brasil concentra la transformación productiva en el plano nacional. Con esa prioridad se difumina la perspectiva de un Brasil dispuesto a financiar una estrategia regional de alcance comparable.
La discusión podría cambiar con la elección brasileña. Flávio Bolsonaro propuso explorar acuerdos bilaterales por fuera del Mercosur y disputará la segunda vuelta con Lula el 25 de octubre. Si llegara a gobernar y concretara esa apertura, sería aún menos plausible esperar que Brasil actuara como paymaster de una política productiva común.
El FOCEM puede rehabilitar rieles, llevar agua y mejorar infraestructura. Para cerrar asimetrías, además, habría que conectar esas inversiones con decisiones productivas sostenidas a escala regional. Esa parte sigue pendiente.
Fotografía de portada y del carrusel: estación de Rivera (2013), Lucho Leivas, CC BY-SA 3.0; producción de alimentos, INTI; escena financiera, Marcello Casal Jr./Agência Brasil; producción automotriz, Toyota. Las fotografías se recortaron y recibieron tratamiento gráfico; son ilustrativas. La adaptación de la fotografía de Rivera conserva la licencia CC BY-SA 3.0.
